Las ventas en comercios minoristas de la provincia registraron en noviembre una disminución del 9,2% respecto al mismo mes del año pasado, según datos difundidos por medios locales. Este retroceso agrava un cuadro crítico: en lo que va de 2025, el consumo acumulado ya acusa una caída del 21,9%.
El fenómeno se explica por una combinación de factores: inflación persistente, caída del salario real, incertidumbre económica y aumento en los precios de bienes básicos. Muchos consumidores declararon que priorizan gastos esenciales, mientras posponen compras discrecionales, lo que impacta especialmente en rubros como indumentaria, artículos de hogar y entretenimiento.
Empresarios y comerciantes advierten que la baja sostenida complica la renovación de stock, retrasa inversiones y restringe descuentos o programas de financiación. Algunos locales ya reportan cierres o reducción de personal, una señal de alerta del impacto económico-social de esta retracción del consumo.
La tendencia también plantea interrogantes sobre la recuperación esperada hacia fin de año, habitualmente un período de mayor demanda. Si no se revirtió el panorama, advierten, las cifras podrían seguir hundiéndose al inicio de 2026, agravando la recesión económica en la región.
Consumidores consultados afirman que priorizarán lo indispensable —alimentos, servicios básicos y transporte— relegando gastos en bienes no esenciales hasta tanto mejore el contexto.